domingo 4 de marzo de 2012

La lectora en el vientre


Este cuento fue escrito originalmente para Anahí Flores, autora del blogg "La lectora en la ciudad", que recientemente le dió vida a Sofía.


El sonido de una voz llega a través del líquido amniótico. Historias, relatos y limericks, luego de haber pasado por las fibras y los tejidos, rozan los oídos de aquella que, replegada en torno a lo que será un ombligo, nacerá en breve.
En su cabeza aún no hay imágenes del mundo exterior, ni siquiera sabe que eso existe. La voz que llega es ella misma. Ella es adentro, ella es afuera y ella es esa voz que lee con un ritmo de respiración y sangre.
En unos días entrará en un universo con gravedad y todos los sonidos serán en un principio insoportables.
Los  cuentos llegarán leídos por esa voz que una vez fue intrauterina, cuando las palabras no significaban nada y por eso no eran todavía palabras. Sin embargo una huella mnémica como una filigrana en algún lugar de alguna célula, vibrará empáticamente cuando lean. No sabrá por qué las palabras la transportan a un lugar del cual no tiene recuerdos.
En algún momento, ella leerá por sí misma y su voz será la del vientre y la de su propia madre, otra vez.

domingo 12 de febrero de 2012

EL HOMBRE INFINITO

Con el tiempo, el tiempo dejó de ser tiempo y el hombre se hizo eterno. El tiempo desapareció, tal vez como consecuencia de la eternidad humana ¿para qué medir lo inconmensurable?

Los objetos dejaron de existir y sólo quedaron las palabras pero con el transcurrir de las eternidades las palabras ya sin significantes perdieron su significado y sólo quedó el pensamiento. Un pensamiento sin palabras, indecible e incontable y entonces el hombre infinito llegó a su fin.

lunes 30 de enero de 2012

FANTASÍAS ANTIGUAS


Hace unos días vi el cartel y pensé que alguien lo había puesto ahí para mí. Lo pusieron frente a mi puerta. Ahora pienso que tal vez haya estado allí desde hace tiempo pero por esas cosas de la confluencia de hechos fortuitos se me hizo visible: “COMPRO FANTASÍAS ANTIGUAS”.
La fantasía puede ser antigua pero no usada porque en cuanto se ejecuta deja de ser fantasía. Pienso que en algún momento se transforma en otra fantasía o es remplazada por otra, de manera que la antigua queda abandonada u olvidada.

En mi caso se trata de una antigua fantasía de revolución socialista que dejé sin usar para poder adquirir una flamante fantasía de “capitalismo bueno”. Se trata de una fantasía en la que el capitalismo resuelve los problemas de la gente convirtiendo a esta sociedad en justa e igualitaria, algo así como un “capitalismo libertario”. Es una fantasía más cómoda, portátil y fácil de llevar a todos lados. No te hace quedar mal con los que te rodean, tiene menos riesgos y contraindicaciones ya que, al contario de la antigua, no exige que arriesgues tu vida o la de tus seres queridos, no tiene efectos secundarios tales como el exilio, la cárcel o la desaparición. Es políticamente correcta porque defendiendo el orden establecido pero igual me siento un militante revolucionario.
Me presenté en el mostrador de la calle Hipólito Yrigoyen. El hombre, un anciano de edad incalculable hablaba por teléfono, un aparato de bronce a manivela. Me indicó con un gesto que en cuanto terminara de hablar estaría conmigo. Me puse a recorrer el local, parecía una antigua botica, muebles pequeños con vitrinas de madera gastada. Una colección de fantasías de diversos tipos. Fantasías de riquezas, éxito, lujuria. Se acumulaban unas contra otras confundidas entre sí  de tal manera que era difícil distinguir unas de otras. Alguna fantasía de tener el cuerpo perfecto, otra de escribir una novela notable, una fantasía de crear un invento revolucionario, de Premio Nobel de Física…
- Buen día- oí.
- Buen día, tengo una fantasía de revolución socialista mundial que hace mucho que no uso.
- Me asombra que quiera dejármela, pero bueno… allá usted.
- Sí, es difícil dejarla. En la última década la puse a funcionar intermitentemente pero ya hace mucho que la tengo como olvidada y usted sabe, es como esas cosas que uno piensa que en algún momento será útil pero el tiempo pasa y no hace más que ocupar lugar, estorba.
- Piénselo bien, no vaya a ser que venga mañana y la quiera de vuelta. Le saldría más cara. Ya sabe lo que pasa a veces, justo cuando uno se saca algo de encima, resulta que descubre que le hace falta.
- ¿No la quiere?- Pregunté con la esperanza de llevármela de vuelta, ya que aunque quería sacármela de encima, al mismo tiempo estaba encariñado con ella.
- No se trata de eso, hay fantasías fáciles de conseguir, por ejemplo la de ser famoso que en esta época de obsolescencia programada es de corta duración y hasta dañina, diría yo. Pero que sé yo de eso. Todas las fantasías que tengo fueron construidas por otros. Ya ve, colecciono fantasías ajenas y aunque no sean originalmente propias, estoy lleno de ellas.
- Me hace dudar. Recuerdo cuando compartía mi fantasía con un montón de otra gente. Ahora no sé si dejársela.
- Lo bien que hace. Yo quiero obtener su fantasía pero de buena fe. Mire, hagamos algo, piénselo un tiempo y si resulta que en verdad no la va a necesitar vuelva y yo se la compro.
Me fui con mi fantasía a cuestas, creo que la voy a guardar durante algún tiempo. Quien sabe, tal vez un día deba abandonar mi fantasía de “capitalismo libertario” que ahora está tan de moda en todos lados y la necesite.

sábado 21 de enero de 2012

NO ES FÁCIL SER UN HÉROE


Hoy me subí a un avión y me tocó el asiento junto a la puerta de emergencia, de modo que vino la azafata y me dijo que debía leer las instrucciones específicas para el ocupante de ese asiento:
1)      El ocupante de este asiento debe tener más de 15 años
Tengo, pensé.
2)      Debe estar en condiciones de comprender este instructivo.
Estoy en condiciones, pensé otra vez.
3)      En caso de estar próximo a un menor de edad o de un persona con movilidad reducida y si acaso ocurriera una emergencia, usted debe ocuparse del mismo.
A continuación explicaba el modo de accionar la puerta de emergencia. Miré dicha puerta y leí el cartel “push down”. Comprendí todo, ya estaba preparado para ser un héroe, hasta desee que hubiera un accidente para poder entrar en acción.
                Acomodé mi bolso de mano entre debajo de mi asiento pero  inmediatamente acudió la azafata para decirme que aunque en el resto de los asientos eso estaba permitido, en este no, el acceso a la puerta de emergencia debe estar despejado, dijo. Le entregué el entonces el bolso y me dispuse a cerrar los ojos para descansar unos instantes. Sentí la voz de la azafata diciéndome que no podía dormir en ese asiento durante el despegue ni  durante el aterrizaje.
Me despabilé e intenté reclinar el respaldo para al menos estar más cómodo pero la misma azafata me advirtió que ese respaldo no se reclinaba. Los de la puerta de emergencia no se reclinan, dijo.
Así viajé sin mi bolso de mano, sin dormir y ni tan siquiera recostarme.
No es fácil ser héroe en estas condiciones. Por suerte Súperman vuela por su cuenta y Batman tiene su  avión privado.

sábado 7 de enero de 2012

MI PIE IZQUIERDO

En la puerta del patio el perro duerme sobre un trapo de pisos, su cabeza está apoyada en mi ojota. No se en qué momento me la sacó. Un camino de caracol, tal vez de babosa, atraviesa su plato de comida.
Cada vez que me acerco para recuperar mi ojota mira de reojo y me gruñe. Tendría que darle su merecido. Le grito pero no se da por enterado así que me voy con una sola ojota, no tengo ganas de pelear. Miento, tengo ganas, lo que no tengo es energía.
Héctor es de Laura pero nunca lo reclamó y no creo que a después de tanto tiempo lo haga. Me acuerdo del día que lo trajo, en una caja de zapatos. No crece casi nada dijo cuando vio mi cara. Creció enorme, ahora me sigue con las orejas como si fueran radares, sigue el chancleteo rengo con desilusión, hoy no habrá combate. Cuando hablo de combate no me refiero a un juego, no nos lastimamos pero no se trata de un juego, más bien es una forma de compartir el territorio ahora que Laura no está.
Este lugar me asfixia, dijo, y se fue. Pensé en decirle algo gracioso sobre Héctor y que creció mucho pero no dije nada. Nos dejó a los dos. Las primeras noches durmió junto a la puerta de calle, nervioso, atento. Con el tiempo se acostumbró. Yo no, pero no estoy nervioso.
Salgo a comprar un par de ojotas, en el camino me quemo el pie izquierdo, la vereda a esta hora está hirviendo. Me paro cada tanto haciendo equilibrio sobre el derecho que está calzado.
Por fin estoy volviendo con las ojotas nuevas. Casi tiro la vieja en un tacho de la calle pero cambié de opinión, se lo voy a tirar por la cabeza a Héctor. Me imagino la escena, paf, el sobresalto y el gemido lastimoso. Siento un poco de pena por él pero enseguida se me pasa.
Hace calor, peso mi ojota en mi mano mientras abro la puerta. Héctor duerme, yo agarro la ojota del talón como si fuera a lanzar un cuchillo. Levanto la mano por sobre el hombro y apunto, contengo la respiración, ya estoy disfrutando de la venganza y reprimo una carcajada de place. Lanzo la ojota, vuela dando vueltas en el aire, pasa por encima de Héctor y rebota contra la pared. Ni se despertó. Me saco la ojota nueva, la del pie izquierdo, corrijo la puntería, esta vez no voy a fallar. La lanzo y ahora si, anticipo la trayectoria, se dirige con precisión a la cabeza, Héctor levanta el hocico y la muerde en el aire. La pone junto a la otra, apoya la cabeza sobre las dos ojotas y sigue durmiendo.
Me voy a dormir una siesta, cuando el sol esté más bajo lo tengo que sacar a pasear.

martes 3 de enero de 2012

SIRENA



Yonteutikós era de las sirenas, la más joven y como se verá, la última. Su madre, la más bella de las sirenas del Mediterráneo la había parido frente a las costas de Amorgós y para sorpresa de todos los que habían asistido al nacimiento Yonteutikós no emitió ningún sonido, ni un llanto a los que nos tienen acostiumbrados los seres vivos al nacer.
La sirena muda fue la preocupación de todo el grupo de sirenas quienes, propensas como eran a ver negros designios en cualquier tipo de anomalía, comenzaron a tomar distancia de la recién llegada. Atemorizados por lo que puediera significar el fenómeno acaecido en el cardumen, los machos de la especie habían perdido la potencia y el deseo sexual. El clan no tuvo en los siguientes años ningún otro nacimiento.
Llegada a la pubertad, su madre fue a ver al oráculo, Yonteutikós la seguía a unos metros de distancia, nadando con gracia y desplegando sus cabellos que ondulaban como una estela de oro. Era tan hermosa como muda.
El oráculo masticaba unos tallos de algas cuando las vio llegar y dijo “Las estaba esperando”, tal y como dicen todos los oráculos cuando alguien llega. La madre de Yonteutikós no tuvo la necesidad de explicar los motivos de su visita, todos bajo el mar sabían la situación y obviamente el oráculo, quien tenía exelentes informantes, también. Así pasaron las horas ellas flotando graciosamente frente a él hasta que los últimos rayos del sol abandonaron las transparentes aguas del mar. Finalmente el oráculo dijo con gravedad “El silencio es la gran virtud de esta criatura, deberían agradecer que de su garganta no salga sonido alguno”. El oráculo cerró sus ojos con gesto pensativo y los conservó durante largo rato, hasta que las dos sirenas comprendieron que la entrevista había terminado y se alejaron hacia su hogar.
Pasados unos años, a la edad en la que toda sirena está en la plenitud de su belleza y entrando en su período de fertilidad, a la hora exacta del solsticio, el cuerpo de Yonteutikós amaneció acariciado por los rayos del sol que se colaban por entre las olas; su instinto sirenil no pudo contener más la música acumulada y las notas musicales comenzaron a salir, dulces y encantadoras como ninguna sirena nunca antes hubiera oido. Las melodías viajaban desde el fondo hasta la superficie del mar, los peces enloquecidos entraron en celo y los cardúmenes procreaban sin cesar mientras con el correr de los días Yonteutikós cantaba incesantemente. Las costas del Mediterráneo generaron cosechas históricas tanto en sus costas europeas, como en las de África y Asia y el mundo conocido tuvo su período de mayor prosperidad y riquezas. De la abunancia devino la paz y el desarrollo de las culturas costeras legó a su máxima expresión.
Sin embargo, los machos de la especie comenzaron a desvariar, lanzandose contra los acantilados y chocándose unos a otros y sin sentido de la orientación murieron. La especie prosperó por algún tiempo en manos de las hembras que daban rienda suelta entre ellas al desenfreno sexual producido por el canto de Yonteutikós.
Con el devenir de sus últimos años, las sirenas fueron envejeciendo, con excepción de Yonteutikós, quien cantaba hermosas melodías aún durante sus horas de sueño. Habiendo muerto todos sus congéneres, finalmente enmudeció. Una vejez repentina terminó con ella y el océano silencioso la ocultó el cuerpo en su fondo. Ahora sólo las ballenas intentan imitar su canto transmitiendo, generación tras generación, las melodías aprendidas antes de que el hombre aprendiera a cazarlas.

viernes 30 de diciembre de 2011

UN PERRITO


“Un perrito, un perrito. Quiero un perrito”. Repetía apostando inútilmente al agotamiento de mi papá, pero él era incansable y ya había esgrimido ante mí una serie de argumentos inapelables:
- Lo voy a terminar cuidando yo ¿vos lo vas a sacar a pasear? Hay que sacarlo por lo menos dos veces por día, aunque llueva. Hay que darle de comer, llevarlo a vacunar, desparasitarlo, limpiar sus porquerías, bañarlo, cortarle las uñas…
- Yo voy a hacer todo eso – Con cinco años no tenía ni idea de lo que me estaba diciendo, pero no me importaba porque estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario.
De la mano de papá entró una jaula con dos cotorras que no paraban de gritar todo el día hasta que mamá los tapaba con un repasador y entonces hacían silencio. Pero no duraron ni un mes, parece que estaban enfermas y se murieron.
- Los perros duran más –dije orgulloso de haber encontrado un buen argumento.
- Imposible. A nadie le dura lo que no tiene.
Otra vez no entendí pero igual no dije nada. Quién puede seguir discutiendo cuando los argumentos de nuestro contrincante son incompresibles.
Mi mamá intentó con una rata de laboratorio.
-¿Por qué tienen ratas en el laboratorio?
-Porque hacen experimentos.
Yo miraba a esa ratita blanca, que desde una pecera me observaba con sus pequeños ojos rojos y se movía nerviosamente entre virutas de madera. Imaginaba que le inyectaban cosas raras o lo exponían a algún tipo de radiación extraña y verde. De noche podría convertirse en algún bicho monstruoso que me devoraría mientras yo dormía. “Quiero un perrito” pensaba yo otra vez. Pero mamá estaba tan esperanzada con que el regalo me pondría feliz que tuve que disimular y hacer como que lo estaba. No quería desilusionarla así que la abracé y se lo agradecí. Estuve bien, se puso contenta.
La otra tarde agarré a Martita de la punta de su cola y la puse en la jaula que había sido de las cotorras. Puse la jaula sobre la mesa, la pecera era muy pesada. Desde ahí podía hacerme compañía mientras miraba la televisión. Como si fuera a propósito estaban pasando “Beethoven” que es una película sobre un perro San Bernardo que se llamaba como el músico porque los dueños descubrieron que cada vez que escuchaba la novena sinfonía se ponía a ladrar.
“Quiero que me regalen un perro en vez de esta ratita de porquería” pensé mirando a Martita, pero enseguida me arrepentí ¿y si Martita podía ver lo que yo pensaba? Ella me miraba de a ratos mientras mordisqueaba los barrotes de la jaula. Mejor no la miraba más, me parece que los que te leen el pensamiento lo hacen a través de la mirada. Si no la miraba más estaría a salvo.
Antes de que terminara la película llegó mamá del trabajo.
-¿Martita?
-En la jaula, lo puse ahí porque a la pecera no podía ni levantarla y así la tenía cerca de mí y de paso miramos juntos la tele.
-Pero la jaula está vacía.
La jaula estaba vacía y los barrotes cortados mostraban un hueco por el que obviamente había salido. La buscamos por todos lados pero no la encontramos y al final nos dimos por vencidos. Mamá me decía no te preocupes, pero yo lo único que quería es que Martita esté lo más lejos posible.
-Los perros no se escapan- dije –quieren estar con uno todo el tiempo y te siguen a todos lados y pueden ir con vos hasta al colegio y si alguien te quiere lastimar, te defiende.
Esa noche no pude dormir, la venganza de Martita acechaba en la oscuridad de la noche. En el transcurso de la semana el miedo se fue diluyendo, no pasó nada, debe haberse ido a otra casa, o la pisó un auto. Si, lo del auto me parece que es lo mejor. Una vez vi un animal aplastado en la calle, parecía un gato o una paloma “no mires” me decía mamá tapándome los ojos, “me da impresión”
-Entonces tapate los ojos vos.
-No, después no podés dormir y tenemos problemas en la escuela.
Yo pensaba “¿tenemos?, ¿qué esto de tenemos?”. El que tiene problemas en la escuela soy yo. Ella me lleva, me deja y se va y después yo me las tengo que arreglar solo.
El otro día tuve que quedarme sin recreo, sentado al lado de la tonta de la maestra, sólo por estar dibujando en clase en lugar de escuchar lo que ella decía.
-¿Por qué no está escuchando lo que estoy diciendo, alumno?
-Porque es aburrido- pensé. Pero no, parece que no sólo lo pensé, sino que también lo dije. Es que hay veces que pienso tan fuerte que se me salen los pensamientos para afuera. Sin recreo era malo, pero sentado en el piso al lado de la maestra era peor.
- ¿Qué querés, si tiene los padres separados- le comentó a la maestra de gimnasia.
¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pensé esta vez con cuidado de que se me quedara el pensamiento adentro de la cabeza.
El fin de semana me quedé a dormir en la casa de mis abuelos, mamá trabajaba y papá no sé qué tenía que hacer que no me vino a buscar a la puerta del colegio. Mejor, así la maestra no le pudo contar lo del recreo, se lo contó a la abuela que pone cara de enojo pero a la salida me compra algo en el kiosco y es como si no hubiera pasado nada. Me regaló un vasito rojo de plástico que se hace chatito y se estira como si fuera un telescopio de esos que usan los piratas. Tiene una tapita que se le enrosca para que no se derrame la leche. Me dijo la abuela que es mágico.
En casa nadie cree en dios pero yo sí, me parece. Cuando todos se fueron a dormir me arrodillé al lado de la cama, como en las películas y recé en secreto, con la boca bien adentro del vaso, enseguida le puse la tapa para que no se le saliera el deseo “Quiero un perrito”, después achaté el vaso y lo puse debajo de la almohada y nunca le dije a nadie, solamente a la abuela porque fue la que me regaló el vasito mágico.
Los chicos en el colegio decían que no era nada mágico, pero el fin de semana siguiente, en la casa de la abuela apareció un perro igualito a los de “La noche de las narices frías”. Suerte que le había contado a la abuela lo del deseo, sino no iba a entender de dónde había salido el cachorro.

lunes 26 de diciembre de 2011

Dios y otras ironías

Marcelo Katz lee ""Perno y corona" en la presentación de "Dios y otras ironías"

viernes 16 de diciembre de 2011

jueves 24 de noviembre de 2011

PRESENTACIÓN DEL LIBRO


"Dios y otras ironías" de Darío Kullock, con prólogo de Diego Golombek. Un libro que contiene textos y relatos breves humorísticos.
La entrada es libre y gratuita, habrá algo para tomar, música en vivo, lectura de alguno de los relatos, humor y lo que nos deparen los imprevistos.
Cuándo
domingo 4 de diciembre, 19:30 – 20:30 GMT-03:00
Dónde
Velazco 958 C.A.B.A. (Villa Crespo) Biblioteca Popular José Ingenieros