martes, 16 de junio de 2009

Una muerte justa

Pidió cenar con el juez, por eso ahora beben en la celda mientras hablan como viejos amigos. El condenado le pregunta al juez si sabía que era inocente, a lo que el juez contesta que sí.
- Y por qué, entonces, me condenó. –pregunta.
- Es que todo el pueblo cree que usted es culpable y no habiendo encontrado al verdadero criminal ...
- Pero usted sabe que no soy el asesino.
- De todos modos la gente no me creería, y en cuanto usted ponga un pie en la calle lo lincharían, usted habrá leído “Fuente Ovejuna”.-dice el juez.
- Es una injusticia.
- Al contrario, una injusticia sería no ejecutar a nadie. Qué cree usted, que toda esa gente dormirá tranquila creyendo que un asesino, un violador, anda suelto por las calles.
- Esta ejecución será una mentira, un engaño para todos. –dijo el condenado.
- La justicia no tiene nada que ver con la verdad, la verdad no importa, pero si importara ¿quién soy yo para decir qué es verdad y qué no? Eso se lo dejo a los filósofos. Quieren justicia y ese sí es mi trabajo. Como juez debo decidir y sin duda su ejecución traerá paz a los habitantes de este pueblo.
- Pero dejará a un criminal suelto.
- Siempre habrá un criminal suelto, no importa cuántos ejecutemos. La gente necesita sentirse segura y la seguridad no es más que eso, una sensación. Yo puedo dársela y de ese modo la justicia cumple con su objetivo.
- El asesino podría estar violando a su hija mientras ustedes me matan.
- También podría hacerlo mientras yo lo libero. –levantó su copa- Como verá su ejecución no puede traernos más que beneficios. –dijo el juez, luego vació la copa y llamó al guardia para que le abriera la puerta. Antes de salir giró su cabeza:
- No se atormente, hombre. Sepa que su muerte es una muerte justa.

1 comentario:

Moni dijo...

Qué buen texto....es tuyo? Todo lo que escribis aca lo es? Te felicito! y