jueves, 24 de junio de 2010

AJEDREZ

Alberto Kaminsky nació en Polonia en 1940 bajo el ir y venir de los aviones y entre los escombros de los edificios destruidos por los bombardeos. Desde Odesa partió hacia Argentina en la bodega de un barco mercante, como tantos otros. No fue un buen profesor de física, pero compensaba el déficit con bondad, de modo que los alumnos lo respetaban, lo apreciaban y le tenían mucha paciencia, casi tanta como Alberto a ellos.
Era un hombre solo; no solitario, sino solo. es decir que le gustaba tomar café y charlar con sus compañeros de trabajo o jugar al ajedrez con todos, pero cuando llegaba a su casa no había nadie esperándolo, ni siquiera un gato, como suele haber en este tipo de historias.
Yo lo conocí en esas circunstancias, fue mi profesor de física desde primero hasta tercer año de la secundaria. Nunca me resultó una materia fácil, en cambio era un contrincante respetable en el ajedrez gracias a lo cual establecimos una relación de amistad y cariño partida tras partida. "Si la física fuera un tablero de ajedrez, usted sería brillante, Rebuffo. Y yo también".
En cuarto año no lo tuve, ni siquiera lo vi en la escuela, supuse que se había mudado.
Hace un año, después de 25, lo volví a ver. Jugaba al ajedrez en el banco de la plaza de Medrano y Honduras. Bajo una barba gris lo reconocí y me acerqué a saludarlo. Estaba viviendo en la plaza, en un refugio que se había construido con cajas de cartón desplegadas. No me reconoció y no quise insistir, tuve pudor por él ¿Jugás? preguntó señalando con la cabeza el tablero. Jugué, sí. Volví a la semana siguiente, y la siguiente. Alberto armaba el tablero, después lavaba su ropa y la colgaba de una rama mientras esperaba que alguien lo desafiara. Eso era corriente porque los vecinos lo conocían y lo frecuentaban, siempre fue ameno charlar con él mientras duraba el juego. La semana pasada conseguí un auto inútil, lo único sano que tenía era su carrocería; lo hice llevar  a "su esquina" para que duerma adentro. Lo decoró por fuera y por dentro, lo aisló con restos de alfombras por dentro para aislarlo del frío y le puso cortinas a las ventanillas. Parecía de juguete. Los vecinos se juntaron a la noche y le hicieron una fiesta de inauguración, algunas vecinas se vistieron y se maquillaron como de gala. Llegaron con bebidas y brindamos todos con Alberto.
Hoy al mediodía fuí a jugar con él, como todos los sábados. Me ganó, le costó preo me ganó. Le quedaba algo de gaseosa del festejo así que tomamos y nos despedimos con una inclinación de cabeza "Hasta el sábado que viene" dije, "Si la fìsica fuera un tablero, usted serìa brillante, Rebuffo. Vaya, el sábado que viene lo espero"

3 comentarios:

Szarlotka dijo...

Darío. un gusto que hayas pasado por mi blog. Muchas gracias por tu mensaje.

Me pregunté cómo habías llegado, y veo entre tus seguidores a Gerry "the Chairman". Entonces tengo el vago recuerdo de haber leído algo en una Oblogo, algo que me gustó mucho. Y recuerdo que entré al blog de ese escritor a dejarle un mensaje. Y si mal no recuerdo, era este mismo blog.

Muy triste tu cuento, pero así es la vida con algunas personas. Lo contás de una manera que hace que parezca verdad. Me gustó mucho.

Saludos!

Jazmín dijo...

Me encanta mucho! ya te dije lo que me parecia, es el tipo de cuentos que me gustan y esta genial la historia. Hermoso pa

julietac dijo...

siempre escribis tan lindo dario !!!!!