lunes, 17 de mayo de 2010

DESVENTURAS DE UN HOMBRE LÓGICO (ÚLTIMA PARTE)

Pezón, pezón que grande sos

Apenas volví a Buenos Aires pasé por el departamento, me bañé, me afeité y me cambié. Casi había olvidado lo que era el confort de la ciudad. Es verdad lo que dicen algunos de que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Anoté esto último en mi libreta de verdades corroboradas.
Satisfecho con el dominio que había logrado en el manejo del razonamiento lógico aunque agotado por una realidad compleja que se empeñaba en hacerme la vida difícil, me senté a tomar un café en el “ABC”, un bar de Scalabrini Ortiz y Córdoba. Me llamó la atención el enorme escote de una dama del que pugnaban por salir dos descomunales senos, uno izquierdo y otro derecho, aunque debo decir que de haberlos visto por separado me hubiera sido imposible decir cuál era cuál. Me acerqué a ellos para entablar contacto verbal con su dueña.
Comencé con un cumplido acerca de la belleza de sus pechos a lo que ella contestó que se trataba de siliconas. No me mostré amilanado cuando apuntando hacia mí con todo ese cuerpo, los levantó con sus manos y agregó que las había pagado ella misma con el fruto de su trabajo.
Con el afán de seducirla le dije:
- De lo que la naturaleza nos da, no tenemos ningún mérito. En cambio sí tenemos mérito de lo que supimos conseguir, por ejemplo de los laureles que supimos conseguir, como dice el Himno Nacional, y que queremos que sean eternos, como sus pechos de siliconas.-hice una pausa para ver cómo reaccionaba la mujer y continué:- Sin ir más lejos, yo no soy inteligente natural. Aquí donde me ve, toda esta capacidad de razonar se la debo al conocimiento que adquirí en la universidad. ¿Qué mérito tiene alguien a quien la barita de la inteligencia lo ha tocado? Yo, en cambio, adquirí mis propios conocimientos de la misma forma que usted adquirió sus senos, pagué por ellos. Nunca comprendí a las mujeres que se enamoran de un hombre por su belleza, su talento o su inteligencia. En cambio están aquellas buenas mujeres que valoran los esfuerzos que un hombre hace por conseguir un buen empleo, un auto importado o una casa lujosa. Al fin y al cabo lo que cuenta es lo que uno consigue. Si no, piense qué quedará de usted cuando se muera. Su cuerpo descompuesto y sus huesos desechos por el paso de los años serán un montón de polvo, en cambio sus senos estarán intactos dentro del ataúd, relucientes, turgentes y solitarios entre sus restos putrefactos. Ni hablar, lo mejor que tiene, lo más duradero, es lo que ha conseguido con el sudor de su frente.
Luego de pagar mi cuenta y la de ella, como corresponde a todo buen caballero, fuimos directamente a mi departamento. Los siguientes días fueron un derroche de placer y dinero, mío, como corresponde a todo buen caballero. Cuando todo se acabó: el dinero y el placer, quiso el destino que se terminaran simultáneamente, ella se fue diciéndome que lo que yo había logrado con el sudor de mi frente ya se había acabado y que en cambio sus pechos seguían adelante. La miré de frente y tuve que admitir que era así, sus pechos seguían adelante. Luego sus pechos cruzaron la puerta del departamento y ella los siguió sin vacilar.
Regresé a casa de mamá, quien después de escuchar mis historias corrió a telefonear a toda la familia para decirle que yo ya estaba de vuelta y que organizaría en mi honor una fiesta a la que todos estaban invitados. Fui el centro de la fiesta ya que me madre me pedía una y otra vez que contara todo ante la alegría de los comensales, quienes festejaban mis relatos con felices carcajadas.

2 comentarios:

La lectora dijo...

Genial. De algo no hay dudas: este hombre es sumamente lógico.

Fede dijo...

Muy gracioso!

Me asusta pensar que por momentos soy un hombre lógico.