sábado, 11 de agosto de 2012

LA LLAMADA


Si sonara el teléfono no lo atendería. Hoy no sonó pero tampoco lo atendí. No es quisiera que me llamen sino que tenía ganas de no atender.
Es fácil no atender cuando el teléfono no suena, de hecho la mayoría de la gente que conozco no atiende el teléfono cuando no suena. Lo difícil es no atender cuando está sonando. Uno mismo se inquieta y cede al impulso de levantar el teléfono, la gente que está con uno empieza a decir “atendé” “¿no vas a atender?”. Por eso para no atender es de mucha ayuda estar solo.
El misterio es lo que me atrae. ¿quién será? ¿mi vieja, una amiga, alguna de esas encuestas grabadas, un ofrecimiento de trabajo? Tuve la precaución de borrar todos mis contactos y por más que suene, en el visor no aparece ningún nombre. Tengo calculado las veces que suena hasta que entra el contestador automático.
No estoy loco, loco es el que salta del puente enganchado a un elástico. Lo mío no tiene consecuencias, no hay peligro para mí ni para los demás. Ni siquiera es que no quiera hablar con nadie o con alguien o que no quiera que me llamen. Al contrario si hay algo que quiero es que me llamen para poder no atenderlo.
Si me voy a poner sincero lo que más quiero es que me llame ella. Es a ella específicamente a quien no quiero atender. Quiero que me llame y yo poder no atenderla. Quisiera encontrar la forma de no atenderla, pero que sepa que no es que no estoy o que estoy ocupado, simplemente que no la atiendo. En mi contestador tenía grabado el típico mensaje “en este momento estoy ocupado y no puedo atenderte, dejá tu nombre y te llamaré a la brevedad” y lo cambié por otro: “En este momento estoy escuchando tu llamado, se quién sos pero no pienso atenderte, de todas maneras dejá tu mensaje y no te llamaré ni a la brevedad ni a la eternidad”.
Todos mis conocidos me llamaron menos ella. Mi jefe me echó del trabajo porque pensó que el mensaje estaba dedicado a él. Mi mamá entró en una fuerte depresión porque pensó que no quería hablarle más.
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Sigo esperando que me llame, en cuanto lo haga voy a no atenderla. Tal vez vaya a la casa, toque el timbre en su portero eléctrico y cuando pregunte quién es voy a no contestarle, la voy a dejar con la palabra en la boca. “Soy yo pero no pienso decírtelo”, le voy a decir para que se muera de la duda. Y si me invita a subir no pienso darle el gusto. Que me lo ruegue, que se arrodille. Y si quiere besarme le voy a dar vuelta la cara. No su cara, sino la mía. Ahora que lo pienso me da impresión imaginarme con la cara dada vuelta, la boca en la parte de arriba y las cejas abajo. Sería más fácil hacer la vertical, pero no me va a tomar en serio.
Me voy a quedar a su lado porque si no, no va a poder intentar besarme. Me voy a quedar ahí hasta que lo intente y en cuanto lo haga me voy a ir lanzando una carcajada.
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No lo intentó, incluso creo que se mudó. No me avisó nada, ni un mensaje, ni un mail. Nada. No quiero saber nada de ella, pero quiero que ella lo sepa. Voy a estar esperando en casa a que venga a despedirse para poder ignorarla y verla sufrir.
No veo la hora de que llegue, esta espera es incómoda pero si me viera ni cuenta se daría porque hace días que estoy practicando ignorarla. No va a poder creer tanto desinterés… cuando venga.

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